Desde marzo del 2015 la partida de una persona que apreciaba me sacudió brutalmente para preguntarme “¿Cómo estás viviendo? Eres la que prefiere quedarse en ese pequeño huevo que llamas mundo, la que elige seguir lamentándose y la que aún no tiene rumbo". Y fue gracias a esa pérdida que decidí conocer a un ser humano increíble.
Gracias a él he conocido lugares que nunca imaginé, he visto el maravilloso espectáculo que el cielo nos ofrece, disfruto de los pequeños detalles con más intensidad que antes, me enamoro cada día de mis metas, me reconcilio con aquellas que no he podido cumplir, trato de descubrir mis temores y al mismo tiempo de querer superarlos.
No llegué a él con las manos vacías, tampoco le ofrecí o le hablé de mis heridas para que él las curara, su cariño y tiempo me han enseñado que son experiencias, son parte de mí y, si antes pensaba que el pasado era lo único que tenía, ahora sé que mi futuro es mucho más brillante.
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