Regina, sentada en el autobús, mira por la ventana el fantasma de una chica cuyos cabellos se alborotan por la velocidad de su andar. Ese espectro se ha quedado atrapado en el tiempo, la ropa cambia pero no la sonrisa ni la prisa. Regina imagina su camino, esa visión cruzará la calle al salir del metrobús, su andar acelerado seguirá por la avenida, esquivará a las personas de lento caminar, verá el perro negro del puesto de hamburguesas, subirá las escaleras tan de prisa que sus piernas dolerán, entrará a la estación del metro, sudando irá de pie, siete estaciones después se bajará, hará el transborde correspondiente, como cada día llegará diez minutos antes de la hora acordada y cuando el reloj marque el momento ella sonreirá y lo hará porque de todas las personas que bajarán en esa estación, él estará entre ellas con una gran sonrisa, con su lento andar y los brazos dispuestos a abrazar.